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Ago 12

Métrica: 5.- La rima asonante

   Tras haber hablado en el artículo anterior sobre la rima consonante, hoy toca hacerlo sobre la asonante o imperfecta, que así llaman algunos a la pobre.

   Como ya se comentaba con anterioridad, la rima asonante está tradicionalmente asociada a la literatura popular: coplillas, canciones, bailes,… Fue durante el Romanticismo cuando se empezó a estudiar este fenómeno en el marco de la recuperación de lo folclórico que se vivió durante esa época, y fue entonces cuando la rima asonante comenzó a ganar terreno en la poesía culta (aunque con anterioridad tampoco es que estuviera excluida de la misma, pero sí que era bastante minoritaria). Aún a día de hoy se suele asociar la asonancia a un intento de entroncar con la cultura tradicional y popular y, por lo tanto, muchos consideran que no es la rima apropiada para tratar temas elevados; sin embargo, basta mirar muchos de los poemas de Antonio Machado para ver como su uso es perfectamente apropiado para todo tipo de temática.

   Tras esta introducción, definamos ya lo que es la rima asonante. Si la consonante era la repetición de todos los fonemas a partir de la última vocal tónica, en la rima asonante solo se exige la repetición de los sonidos vocálicos. El hecho de que solo se tengan que repetir los sonidos vocálicos incrementa considerablemente las posibilidades de la rima, y por eso es la que suelen adoptar las formas métricas basadas en las tiradas de versos (es decir, en la sucesión de versos en un número indeterminado) como el romance. De hecho, todos los ejemplos que veremos en este artículo estarán extraídos de un famosísimo intento de un no menos conocido miembro de la Generación del 27 de recrear los romances populares: el Romancero gitano de García Lorca (en su edición de 1998 de la Editorial Óptima, junto con Poeta en Nueva York y «Llanto por Ignacio Sánches Mejías». Veamos, pues, la primera estrofa del poema «Romance sonámbulo», que seguro que os suena:

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

(vv. 1-12)

   En negrita he marcado la rima, que, como podéis ver, recae sobre los versos pares, como es lo habitual en la forma romance. También se puede ver de manera bastante clara cómo los sonidos vocálicos (a-a) coinciden en todos los versos pares, mientras que los consonánticos no. Es decir, «ramas» rima en asonante con «montaña» (coinciden las vocales, pero no las consonantes) y con «baranda», «plata»,…

   Hasta aquí lo fácil, porque, como ya os adelanté en el artículo anterior, la rima asonante es bastante más problemática que la consonante. Básicamente, estos problemas se dan por dos cosas: por desconocimiento del público en general sobre algunas normas de este tipo de rima o bien por desacuerdo entre los expertos. Hablaremos de tres problemas en concreto con los que se encuentra generalmente alguien que realiza sus primeros análisis métricos: qué hacer con los diptongos, el problema de las palabras esdrújulas y el problema de la asimilación vocálica.

   En el caso de los diptongos no hay debate posible, pero sí un gran desconocimiento sobre el tema en los lectores que no son expertos. Lo mejor para explicarlo va a ser ver primero un ejemplo, extraído del mismo poema que antes, pero unos versos más abajo:


La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.

(vv. 17-20)

   De nuevo, he marcado la rima en negrita y, como podéis ver, «ramas» rima con «agrias» (es decir a-a con a-ia), ¿por qué se produce esto? Es muy sencillo, en realidad: a efectos de la rima asonante, cuando se produce un diptongo solo se tiene en cuenta la vocal fuerte, es decir, aquella que constituye el núcleo silábico. Para explicar esto tendríamos que recurrir a cuestiones fonológicas, lo que se escapa (y con mucho) al propósito de esta serie, así que tendréis que creernos, y de hecho podéis ver muchos más ejemplos de esto en la práctica. Probad, si no, a leer en voz alta estos versos y veréis como distinguís la rima sin ningún problema.

   Vayamos ahora al caso de las palabras esdrújulas con otro ejemplo del mismo poema:


Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.

(vv. 53-56)

   En este fragmento, la palabra «barandas» (a-a) rima con «lágrimas» (a-i-a). De nuevo, cabe preguntarse el por qué y así nos volvemos encontrar con las cuestiones fonológicas a las que aludía antes. Para simplificar, se puede decir (sin demasiado riesgo a equivocarse por la simplificación, quizás excesiva) que en el caso de las palabras esdrújulas lo único que se tiene en cuenta para la rima asonante es la sílaba tónica y la última, ignorando la que queda en medio; así, «lágrimas» se convierte en una rima en a-a. Y aquí sí que tenemos alguna divergencia entre los expertos, puesto que algunos creen que esto solo se puede aplicar cuando la vocal intermedia es débil (o cerrada, para otros autores). Como vemos la cosa se complica, y ni siquiera entre los entendidos parece haber acuerdo, aunque no es algo que afecte mucho a la práctica en realidad, si sabes que esa palabra tiene que rimar, la rima existe. Lo cierto es que no he sido capaz de encontrar (quizás por falta de tiempo o de medios) ningún ejemplo donde se diera el caso contrario, por lo que si conocéis alguno, os invito a ponerlo en la sección de comentarios. En mi opinión, esta simplificación de la esdrújula se debe hacer siempre, puesto que en toda la métrica parece haber una tendencia a las terminaciones en llana (las palabras más comunes en español y en gallego, no lo olvidemos) en los versos, como veremos cuando hablemos sobre el conteo de sílabas; pero esto es solo una opinión, claro está.

   Y si en este caso ya había divergencias, procedamos al último caso, bastante más disputado: la asimilación vocálica. Lamentablemente, por falta de tiempo no he podido encontrar ningún ejemplo de este fenómeno, por lo que si conocéis alguno, ya sabéis. Según este fenómeno se considera que toda vocal postónica (es decir, posterior a la vocal tónica de la palabra) i o u puede rimar en asonante con una e o una o (respectivamente). Esto se produce porque en la pronunciación las vocales cerradas se abrirían y se podrían asimilar a sus equivalentes abiertas. Esto es discutible, cuanto menos, y sin duda hay una gran influencia de variedades dialectales, por lo que de nuevo es conveniente recurrir al mismo principio que comentamos arriba: si la palabra tiene que rimar, la rima existe. De hecho veremos que este fenómeno no solo varía en los distintos dialectos, sino que también varía con el tiempo, pero eso lo haremos en la próxima entrada.

   Estas son las características básicas de la rima asonante, algo más complicadas que la de la consonante, como podéis ver, sobre todo por su carácter más abierto (por decirlo de alguna manera). En el próximo artículo hablaremos de otras cuestiones sobre la rima, incluyendo un comentario en mayor profundidad sobre la asimilación vocálica en una obra en concreto: el Cantar de mio Cid.

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1 comentario

  1. Pilar

    Cuánto ARTE al escribir!. Es un deleite para mí leer tan maravillosa explicación.

    Un saludo.

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